- Tichý y su “cámara”
Que la fotografía es un arte ya no lo discute nadie, hay más que suficientes hitos en la historia reciente para dejar constancia de ello. Uno de estos hitos tiene el nombre de Miroslav Tichý, fotógrafo peculiar donde los haya, y la peculiaridad de este artista no viene dada por un estilo definido, ni por una técnica especial o una forma pionera de revelar sus negativos… o según se mire, puede que sea por todo a la vez.
La manera en que este excéntrico artista entiende la fotografía pasa por factores tan significativos como el hecho de fabricarse su propio equipo, y que nadie piense en materiales de última generación o en un laboratorio con avanzada tecnología para diseñar instrumentos de precisión. El equipo de Tichý no pasa de estar compuesto de objetos y desechos que se pueden encontrar en cualquier vertedero: botes de conserva, paquetes de cigarrillos, trozos de plástico, retales de cuero, etc.
Lo realmente sorprendente no es que este hombre fabrique cámaras fotográficas con lo que encuentra en la basura, sino el hecho de que la obra creada con este equipo se pueda haber visto expuesta a lo largo de los años en un gran número de galerías de arte y museos de Berlín, Zúrich y Nueva York, llegándose a cotizar en hasta 8.000 euros cada una. Dinero que él nunca aceptó, insistiendo en su modo de vida solitario, apartado de la sociedad y de sus influencias burguesas.
La historia de Miroslav Tichý (nacido en 1926 en Kyjov, Moravia) empieza a ser relevante el 24 de febrero de 1948, el día del golpe de Estado de los comunistas checoslovacos que cambió el rumbo de la inestable vida de Miroslav Tichý, en aquel entonces excéntrico y dotado alumno de pintura de la Academia de Bellas Artes de Praga. Estos acontecimientos marcaron el inicio de su marginación de una sociedad que le horrorizaba.

Las gentes de su pueblo natal no tardaron en tildar a Tichý de loco excéntrico y peligroso, y las autoridades de disidente del comunismo, lo que le supuso pasar más de 10 años en la cárcel. Cuando finalmente pudo salir en libertad, se le prohibió ejercer su pasión por la pintura, lo que hizo que empezara a tomar interés por la fotografía.

Ante su extrema falta de recursos, Tichý dió rienda suelta a su creatividad artística y empezó a fabricarse sus propias cámaras con desechos que encontraba y se lanzó a las calles del pequeño pueblo en que reside a fotografiar lo que se pusiera por delante, aunque Tichý no tardó en darse cuenta de que lo que realmente le motivaba era fotografiar a las mujeres, motivo que ha marcado profundamente la tendencia de su obra.
En estos días (desde el 23 de Abril hasta el 20 de Junio) tenemos la oportunidad de disfrutar de cerca de la obra de este singular artista de la fotografía, la cual se encuentra expuesta en la galería Kewenig, en Palma de Mallorca.


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